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Robalca
Soy fanático de los caballos, pero no de las carreras de caballos y las apuestas. Así… no habría razón alguna para que yo leyese la columna de Robalca sobre hípica.
Siembargo, de vez en cuando, no resisto la tentación de hacerlo y eso tiene una explicación. Es gozar de la abundancia de conocimiento de que hace gala el comentarista. Parece una máquina. Tiene registrada en su memoria la historia detallada de cada uno de los mil de caballos que corren en temporada y de los otros tantos que ya dejaron de correr.
De cada animal conoce sus padres y a veces abuelos. Recuerda su color exacto, que carrera ganaron por 1ra. vez y a quien dejaron segundo, que jinete los llevaba, cuántos años tenían cuando lo lograron y de que especifica manera se desarrollo el galope, terminando en que tiempo.
Escribe de hípica como quien recorre las calles de su barrio.
De cada Stud conoce sus logros y su historia, colores, trofeos con fecha, número de carrera del programa y hora del triunfo.
Yo lo leo solo para gozar de esa erudición. No entiendo nada de aquello que a el le parece importante, ni voy al hipódromo. Pero sus conocimientos sobre aquello que escribe, hace que por ese solo hecho su lectura me resulte particularmente atractiva.
1990
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