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En otro mundo
En la carretera Panamericana Sur, alrededor del Km. 100, ya en la doble vía, veníamos de regreso a Lima. Había un sol fuerte y trafico intenso por ambos lados. Serian las 4:30 p.m.
De pronto en una curva, en la berma de arena que separa las pistas de ida y de venida, diviso un grupo de aproximadamente 8 personas. Están paradas al costado de una cruz clavada sobre un montículo de piedras recién pintadas. Seguramente era un grupo de familiares de alguien fallecido en un accidente, como es usual en las rutas del Perú. Aunque de modesta condición, todos estan bien vestidos, predominantemente de blanco.
Lo que me llamo la atención era el contraste tan fuerte.
Los vehículos pasaban raudamente a su costado. La mayoría de pasajeros seguramente entre cansados y aburridos ya ni se distraía con el paisaje. Pero este grupo estaba totalmente concentrado en honrar la memoria de un pariente cercano. No sé si podrían concentrarse en rezar porque hasta era difícil arremolinarse ordenadamente alrededor porque la zanja que separa las dos vías no permitía que formasen círculo.
Sin embargo, mirando fijamente hacia abajo a la cruz en el suelo, se les notaba ensimismados, como si no sintieran en absoluto todo el tráfico persistente que pasaba zumbando por sus costados a solo 2 metros de distancia.
Una visión impresionante/Mientras en los autos se arreglaban las toallas para no mojar los asientos y se desgranaban las últimos uvas del racimo, compungidos hermanos nuestros hacían patético su sufrimiento y como en otro mundo con su triste presencia le recodaban al cielo su ser querido.
14 de Enero de 1996
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