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La “rusticidad” de la burguesía
Una casa rústica difícilmente puede ser bien cómoda. Y es absolutamente indispensable, a mi entender, que no parezca nunca terminada porque si así fuera, ya no seria rústica.
Miremos, sobre todo en el campo. La construcción rustica es no solo algo simple, sencillo, sino también algo a lo que se le añadiría sin problemas solamente unas cuantas cosas.
Sin embargo en Lima se hacen casas “rustica” que son para morirse de risa. Les hacen tantos toques y retoques, tantas perfecciones y añadiduras, la quieren tan cómoda que al final de ella solo queda un recuerdo de rustico por el cúmulo de modernidades que destruyen su sentido primigenio.
Esto es resultado de una percepción cultural. Cierta gente quiere dárselas de sencilla porque suena bien, pero a la hora de serlo de verdad, no pueden. Porque tienen impresa en el alma la concepción del máximo confort, de completar cada vez mas su visión de armonía y de color. Con la cual se termina anulando la tan deseada rusticidad, que es siempre poco, poco de todo, nada de mucho, nada de sobra.
Julio de 1996
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