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No han huido, está lloviendo
Retornamos de Obrajillo a Canta a las 2:30 p.m. cuando ya había empezado a llover aunque no mucho. Buscábamos manjar blanco y queso, pero estaba cerrado, salvo 2 o 3 tiendecitas. Qué pasaba… ¿habían fugado a otros lares? ¿Estaban escondiéndose?
Sin embargo notamos que tocando esas puertas, siempre salía alguien pronto. Simplemente los que pasaba era que cuando llueve todos entran a sus casas; nosotros como buenos limeños nos demoramos en entenderlo.
Igual había ocurrido a las 11 de la mañana cuando recién llegamos veíamos alguna gente entrar y salir de las casas, pero las calles estaban vacías. También las plazas. Parecía un pueblo fantasma. Nos explicaron que así es en invierno, particularmente los domingos en que muy poca gente trabaja el campo.
Sin embargo, al salir del pueblo en un recodo del camino, sobre una ladera bastante inclinada un campesino conducía su yunta de bueyes sobre una tierra húmeda, cuyos surcos iban hoyando. Dos torazos negros avanzaban con aplomo dejando su huella. A la derecha el río Chillón con “agua nueva” y al fondo un sol que peleaba con las nubes para que no terminen de taparlo.
Un lugar del cual en verdad, no provocaba irse…
21 de Enero de 1996
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