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Comparacione enojosas
Como será, digo yo, los sentimientos que albergan los obreros de construcción civil cuando comparan las viviendas que construyen para otros, con aquellas en las que ellos mismos viven
Se trata de una diferencia, normalmente, abismal. Con su mano, su cansancio y su humedad permanente en los pies, ellos que son miles de miles, están edificando edificios de 20 pisos frente al Golf, en los cerros de la Molina o de cara a la Costa Verde. El tipo de material que en éstos se usa, sus acabados, los espacios de que gozan son para cualquier pobre (o medio pobre, o pobre a medias) algo que debe parecerles de sueño, inalcanzable.
No dudo que estarán orgullosos de su trabajo pero en la noche cuando ya están en casa sus zapatos pisan arena, sus manos se apoyan en ladrillos sin recubrir y con frecuencia duermen bajo esteras. No tienen ni sitio para refrigeradoras de dos puertas, ni lugar tampoco para modernos intercomunicadores, chimeneas calientitas, alfombres, mayólicas, ni viviendas con un baño para cada cuarto.
¿Que pasará por la cabeza entonces de todos estos obreros? ¿Estarán resentidos? ¿Soñarán con tener algo igual sabiendo que es imposible?
¿Serán capaces de convivir en paz interior dentro de una sociedad donde unos pocos viven bien y las mayorías no?
A veces pienso que los de Construcción Civil son el único sindicato que ha sobrevivido, porque son los mejores testigos de un mundo socialmente injusto: lo viven cada vez que son protagonistas de lo que su Santidad llamo “desniveles irritantes”.
19 de Julio de 1996
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